¿Está cambiando el significado de ser un ángel de Victoria’s Secret?
La participación de Kylie Jenner en la pasarela de 2026 reabre el debate sobre el protagonismo de las modelos tradicionales frente a las celebridades y el rumbo que está tomando Victoria’s Secret.
Paola Soto
· 3 min de lectura

La más reciente pasarela de Victoria’s Secret reabre una conversación sobre el protagonismo de las supermodelos, la influencia de las celebridades y la transformación de una de las marcas más reconocidas de la industria de la moda.
Durante décadas, convertirse en un ángel de Victoria’s Secret representó uno de los mayores reconocimientos para una modelo. Las imponentes alas, los elaborados diseños y la oportunidad de lucir el exclusivo Fantasy Bra convirtieron su desfile anual en un espectáculo de alcance internacional.
Nombres como Adriana Lima, Tyra Banks, Heidi Klum, Alessandra Ambrosio y Gisele Bündchen ayudaron a construir esa identidad. Más allá de desfilar, estas mujeres se convirtieron en rostros emblemáticos de la marca.
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Sin embargo, la evolución del espectáculo plantea una pregunta: ¿sigue siendo la trayectoria en el modelaje el principal elemento para alcanzar ese protagonismo o está adquiriendo mayor importancia la influencia de las celebridades?
Kylie Jenner y el regreso del brasier más caro de la historia
La edición de 2026 del Victoria’s Secret Fashion Show, celebrada el 18 de octubre en Los Ángeles, reunió a modelos emblemáticas de la firma y a nuevas figuras de la industria. Pero uno de los momentos que más atención generó fue el debut de Kylie Jenner.
La empresaria, de 29 años, apareció con alas blancas y el icónico Fantasy Bra, una pieza de alta joyería valorada en 50 millones de dólares, la más costosa en la historia del desfile.
El diseño, creado en colaboración con Jacob & Co., cuenta con 4,410 diamantes naturales y una piedra central amarilla de 75.54 quilates. Su elaboración requirió más de 1,000 horas de trabajo y la participación de 15 artesanos.
¿Por qué Kylie y no una modelo icónica?
El Fantasy Bra se presentó por primera vez en 1996 y, durante años, fue uno de los momentos más prestigiosos del desfile. Modelos como Gisele Bündchen, Tyra Banks, Heidi Klum y Adriana Lima tuvieron la oportunidad de lucir distintas versiones de esta pieza.
Sin embargo, tras ocho años de ausencia, Victoria’s Secret decidió confiar su regreso a Jenner, quien se convirtió en la primera mujer sin el título tradicional de ángel de la firma en presentarlo sobre la pasarela.
La elección no fue casual.
Adam Selman, director creativo de Victoria’s Secret, explicó a Vogue que Jenner fue seleccionada por su influencia cultural, que va más allá de la moda y la televisión.
Con alrededor de 380 millones de seguidores en Instagram y una trayectoria empresarial en la industria de la belleza, Jenner representa una conexión directa con audiencias que consumen moda y entretenimiento principalmente a través de las plataformas digitales.
Entre la nostalgia y una nueva generación
La pasarela también contó con el regreso de figuras como Adriana Lima y Alessandra Ambrosio, quienes contribuyeron a convertir el desfile en un fenómeno internacional.
Su participación permitió recuperar parte de la nostalgia que caracteriza a Victoria’s Secret, mientras la incorporación de nuevas figuras reflejó la intención de conectar con distintas generaciones.
La edición también incluyó presentaciones musicales de Megan Thee Stallion, Tate McRae, KATSEYE y Megan Moroney, reforzando su formato como espectáculo de entretenimiento.
¿Está cambiando lo que significa ser un ángel?
Durante años, el protagonismo en esta pasarela estuvo estrechamente vinculado a la trayectoria de las supermodelos y su relación con Victoria’s Secret.
La elección de Kylie Jenner sugiere que la marca también está otorgando importancia al alcance mediático, la influencia digital y la capacidad de generar conversación.
Esto no significa que las modelos tradicionales hayan perdido su lugar, sino que el espectáculo parece estar ampliando su definición de quién puede representar sus momentos más importantes.
La pasarela de 2026 dejó una pregunta que va más allá de un brasier de 50 millones de dólares: ¿el reconocimiento en la moda depende cada vez más de la trayectoria o de la influencia que una figura tiene fuera de ella?
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